
Aquí estoy escribiendo la primera entrada de este blog, y desde ya me apetece advertirte de que como me considero una persona intensa y profunda, este no es un blog únicamente práctico ni va siempre precisamente al grano. Es un espacio reflexivo, de confesiones y donde puede que encuentres relatos que te hagan sentir profundamente identificada o divagaciones que quizás ni siquiera tengan sentido para ti.
Voy a escribir en femenino genérico, ya que la gran parte de las personas que acompaño y que me suelen leer son mujeres. Si eres hombre, siéntete incluido en todo aquello que te resuene. También acompaño a algunos hombres, sobre todo padres, y es algo que realmente me alegra.
Tenía muchas ganas de escribir esta entrada porque es, para mí, el pistoletazo de salida de una etapa que siento algo nueva y motivante. Hace mucho (muchísimo) que no escribo, aunque es algo que vengo haciendo desde pequeña, lo echaba de menos.
Quiero que este sea un espacio donde compartir(me/nos) sin tapujos, exponer nuestras partes más humanas, siento que es clave para que podamos conectar y salir del piloto automático. Y me sirve un poco de terapia, para qué ocultarlo. Así que aquí ganamos todos, yo la primera.
Comenzar este Blog y lanzar esta Web son el resultado de un camino de espinas, en el que me he tratado de cuidar para no sangrar demasiado y siento que lo estoy consiguiendo. Como todo ser humano llevo una mochila de asuntos que pesan y duelen, y uno de los más grandes es el miedo a la exposición y al juicio. Sí, eso de que me afecta lo que piensen los demás, de que no sé en qué lugar amable de mí encajar las críticas y que siento que no soy quién para hablar de según qué cosas porque me descubrirán… eso ha regido mi vida mucho tiempo.
Sin embargo, mientras estoy escribiendo estas líneas estoy sintiendo dentro de mí, que por fin he encontrado la manera -y me he dado el permiso- de mostrarme al mundo sin miedo: y resulta que era siendo yo misma, encontrando mi propia manera de hacerlo, y no necesariamente seguir tendencias. Por lo que no me vas a ver haciendo reels de moda ni virales. Y está bien así.
Cuando durante mucho tiempo has vivido avergonzándote de ti misma o sintiendo que no sabías ni quién eras, “mostrarse auténtica” es todo un reto. Seguro que muchas me entendéis a la perfección.
No recuerdo ni cuándo, seguramente yo era muy pequeña, pero emprendí un camino con el deseo de que me llevara a algún lado diferente al que estaba (¿a un lugar mejor?): ya en la edad adulta hice terapia muchos años, mil formaciones de todo tipo, me enfrenté a muchos retos personales en mi vida… y siento que ya he llegado a mi destino. Pero qué sorpresa que cuando he alzado la vista, me he dado cuenta de que este destino se parece mucho al punto de inicio. Podría decir que estoy exactamente donde estaba entonces, solo que ahora puedo ver tantas cosas que antes no veía, que definitivamente la sensación es totalmente diferente. Y eso me alegra: sigo siendo yo pero sabiendo mucho más de mí.
Puede parecerte extraño esto que digo, tiene mucho que ver con lo que es el proceso de crecimiento, desarrollo, sanción… yo lo explico con la metáfora de la montaña y la espiral. Si quieres leerla, estate atenta al blog para que te llegue el aviso…. Será una próxima entrada en este espacio.
A veces necesitamos emprender un Gran Viaje para poder, con el tiempo, llegar a Casa de nuevo y verla con otros ojos. Y aunque parece que “hubieras salido de ti”, el viaje siempre fue HACIA ADENTRO.
¡Gracias por llegar hasta aquí! ¡Gracias por acompañarme! ¡Gracias, de corazón!